Finalmente mi ex se implica con los niños después de separados ¿Ahora qué hago?
Por Rocío López de la Chica
Fundadora de Creada
Llevas años pidiendo lo mismo. Más presencia. Más implicación. Que esté ahí cuando los niños le necesitan, no solo los domingos por la tarde o cuando le viene bien.
Y ahora, justo ahora que habéis decidido separaros, resulta que sí quiere. Que ha cambiado su horario laboral. Que propone custodia compartida. Que de pronto está haciendo todo lo que tú le suplicabas durante años.
Y algo dentro de ti grita: "¿Ahora? ¿En serio, ahora?"
No estás loca por sentir eso. Es más, es absolutamente humano que te remuevas por dentro. Porque duele. Duele ver que tuvo que llegar la separación para que despertara. Duele pensar en todas las conversaciones, las noches en vela sola con los niños, las discusiones que no llevaron a ningún lado.
Y ahora, cuando ya no sois pareja, cuando la decisión está tomada... ahora sí.
Yo también he estado ahí
Soy Rocío, y créeme cuando te digo que entiendo perfectamente esa sensación. Yo también fui una de esas madres que dijo "¿ahora?" cuando mi expareja empezó a hacer todo lo que durante años le había pedido.
Viví mi propia separación y aprendí en carne propia que separarse puede ser algo muy diferente a lo que nos han contado. No tiene que ser una guerra. Puede ser, aunque suene raro decirlo en medio del dolor, una oportunidad para crecer y para crear una nueva forma de familia.
Desde esa experiencia nació Creada. Un espacio para acompañar a mujeres y familias que están atravesando procesos de separación, desde un lugar de comprensión real. Porque todas las profesionales de nuestro equipo hemos pasado por esto. No hablamos desde la teoría, sino desde la vida.
El dolor que nadie valida
Ese revuelo que sientes tiene nombre: es dolor. Y como todo dolor, merece ser visto, no minimizado.
A veces nos dicen que deberíamos alegrarnos. "Qué bueno que por fin se implique". "Los niños lo necesitan". Y sí, todo eso es cierto. Pero antes de llegar ahí, antes de poder abrirte a esa nueva realidad, necesitas que alguien te diga: tu frustración es legítima.
No hay un dolor más importante que otro. Si a una persona le amputan un dedo y a otra un brazo, el dolor de cada una es 100% válido. Tu dolor también lo es. Has cargado sola (o mayormente sola) con la crianza durante años, y ahora todo cambia. Reconocerlo no te hace mala madre. Te hace humana.
Separarte no tiene por qué ser una guerra, ni para ti ni para tus hijos.
Si estás viviendo algo parecido y sientes que no puedes sostenerte sola en este proceso, mira este video. Te mostramos cómo dejar de sentirte rota y empezar a crear una nueva forma de familia, en calma.
Del ego a la mirada amplia: lo que tus hijos realmente necesitan
Es fácil quedarse atrapada en lo que tu ego considera justo o injusto.
Para ti, lo justo sería que la custodia fuera exclusiva. Total, ¿quién ha estado despierta en las noches de fiebre? ¿Quién ha ido a todas las reuniones del cole? ¿Quién ha renunciado a proyectos profesionales para estar disponible?
Para él o ella, lo justo ahora es compartir, porque finalmente está dispuesto a implicarse de verdad.
Pero aquí hay una pregunta que lo cambia todo: ¿de quién estamos hablando? ¿De tu deseo, del suyo... o de las necesidades de tus hijos?
Tus hijos no tienen la culpa de que las cosas no funcionaran antes. Y si ahora tienen la oportunidad de tener a su otro progenitor presente, disponible y vinculado... ¿no es eso lo que siempre quisiste para ellos?
Es difícil. Lo sé. Requiere trascender la mirada egocéntrica. Pero esa es justo la esencia de una separación consciente: poner a los niños en el centro, aunque duela.
Separarte con hijos no significa que la familia se rompa, solo cambia de forma.
Descubre cómo vivir una separación consciente sin culpa y sin conflictos innecesarios. Mira este video y aprende cómo acompañar a tus hijos desde la serenidad, no desde el miedo.
La familia no se rompe, cambia de forma
Hay algo que debes saber: seguís siendo familia. Aunque no quieras compartir tiempo y espacio con esa persona. Aunque la relación de pareja haya terminado. Aunque todo sea diferente ahora.
Tus hijos van a tener dos hogares. Pero eso no significa que no sean familia. Significa que la familia ha cambiado de forma, pero el amor, el respeto y la responsabilidad siguen ahí. O al menos, pueden seguir ahí si eliges cultivarlos.
Separarte con hijos no significa que la familia se rompa. Solo significa que dejáis de ser pareja, pero no dejáis de ser padres.
El espacio seguro que necesitas para desahogarte
Ahora bien, para poder llegar a esa mirada amplia, para poder soltar la rabia y la frustración y abrirte a esta nueva etapa... necesitas un espacio seguro.
Un lugar donde puedas decir las cosas mal dichas si lo necesitas. Donde puedas despotricar, llorar, gritar tu injusticia percibida. Pero en un espacio donde alguien entienda que no estás hablando desde la verdad absoluta, sino desde tu dolor.
Un espacio seguro no es tu grupo de WhatsApp donde todos opinan. No es tu madre que te dice lo que ya sabes. No es decirle a tus hijos lo que piensas de su padre o madre.
Un espacio seguro es donde alguien puede escucharte más allá de las palabras. Donde no juzgan. Donde no te dicen "deberías estar contenta de que por fin se implique". Donde simplemente te sostienen mientras procesas.
No forzar, aceptar lo que es
Hay un último aprendizaje que quiero compartir contigo. Cuando intentamos forzar las cosas en una relación de pareja, ¿qué conseguimos? Normalmente, resistencia. Conflicto. Más de lo mismo.
Lo mismo pasa en una separación. Cuando forzamos, cuando nos aferramos a que las cosas sean como consideramos que "deberían ser", nos encontramos con más dolor.
La clave está en entregarse a lo que es. No desde la pasividad. No desde el "no hago nada y que sea lo que tenga que ser". Todo lo contrario.
Entregarse a lo que es significa hacer un montón: soltar las resistencias, hacer el trabajo emocional, asumir tu parte, dar pasos atrás cuando toca y pasos adelante cuando corresponde. Es como un baile. Y para que funcione, ambos tenéis que danzar.
Pero incluso si la otra persona no tiene ese nivel de conciencia, tú puedes elegir bailar tu propia danza. Puedes elegir hacer tu separación consciente, con o sin su participación plena en ese proceso.
La oportunidad escondida en la separación
Sé que ahora mismo no lo sientes así. Pero la separación, aunque duela, puede ser una oportunidad.
Una oportunidad para sanar heridas que llevabas años sin atender. Para dejar de proyectar tu dolor en reproches que no llevan a ningún lado. Para mirarte a ti, de piel para dentro, y empezar a cuidarte de verdad.
Separarte no significa fracasar como madre. Puede ser el inicio de una relación más sana contigo y con tus hijos.
No tienes que hacerlo sola. Puedes aprender a acompañarte y a acompañar a tus hijos en este proceso.
Un último pensamiento
Si ahora tu expareja quiere implicarse más, si finalmente está dispuesta a asumir responsabilidades que antes no asumía, date permiso para sentir todo lo que necesites sentir. La rabia, la frustración, la sensación de injusticia.
Pero después, cuando hayas validado tu dolor, pregúntate: ¿qué es lo mejor para mis hijos?
Y desde ahí, quizás puedas ver que quien realmente gana en esta historia son ellos. Que van a tener lo que tú siempre quisiste para ellos: dos progenitores presentes, disponibles, que les aman.
La familia no se rompe. Solo cambia de forma.
Y tú, que has sostenido tanto durante tanto tiempo, mereces también descansar. Mereces compartir la carga. Mereces encontrar tu propia paz.
Cerrar el abanico, abrir el corazón
Separarse da miedo. Da mucho miedo. Porque significa cerrar una etapa, soltar certezas, adentrarse en lo desconocido. Porque significa enfrentarte a tus propias heridas, a tus propios miedos, a tus propias sombras.
Pero también es una oportunidad. Una oportunidad de volver a ti. De conocerte de verdad. De construir una nueva forma de familia. De enseñarles a tus hijos que el amor no se acaba, simplemente cambia de forma.
Y no tienes que hacerlo sola.
No tienes que cargar con todo el peso de las decisiones. No tienes que tener todas las respuestas. No tienes que ser fuerte todo el tiempo.
Lo que tienes que hacer es cerrar el abanico. Y empezar a abrirlo despacio. Una arista cada vez. Un paso cada vez. Con acompañamiento. Con claridad. Con amor.
Porque la familia no se rompe. Cambia de forma. Y tú puedes estar en paz mientras eso sucede.
Una separación consciente con hijos es posible
Miles de mujeres se separan cada año, pero casi nadie les enseña cómo hacerlo sin romperse por dentro.
El dolor no viene solo de la ruptura, sino de la culpa, el miedo y la sensación de no saber cómo seguir adelante sin destruir la familia o perderse a una misma.
Hay una forma de separarse sin hacerse daño
Si sientes que la culpa o el miedo te paralizan, he grabado un vídeo donde explico paso a paso cómo transformar el dolor en calma y proteger a tus hijos.