primeros Pasos 5 min de lectura

Me separo y ahora qué: el primer paso cuando decides terminar la relación

Rocío López

Por Rocío López de la Chica

Fundadora de Creada

Madre abrazando a su hijo

Hay decisiones que se toman en un instante. Y hay decisiones que llevan años gestándose en silencio.

La separación es de las segundas.

Pero un día te levantas y lo sabes: esto se terminó.

Y con esa certeza llega algo más grande que el dolor. Llega el vértigo. Porque si ya tomaste la decisión, si ya sabes que no hay vuelta atrás, entonces te enfrentas a la pregunta que te quita el sueño y te aprieta el pecho cada mañana:

¿Y ahora qué?

Si estás aquí, leyendo esto, probablemente sea porque esa pregunta te persigue. Porque has tomado esa decisión, o porque sabes que está cerca. Porque miras a tus hijos y no sabes cómo hacer esto sin destrozarles la vida. Porque sientes que estás de pie frente a un abismo y no ves cómo dar el primer paso sin caerte.

Queremos que sepas algo: lo que sientes es real, es válido y no estás sola.

Quién te habla desde el otro lado

Soy Rocío López de la Chica, y yo también estuve atravesando por esas dudas hasta que me separé.

Sé lo que es despertarte en medio de la noche con esa pregunta dando vueltas. Sé lo que es sentir que estás fallando, que deberías poder más, que algo está mal en ti por no poder sostener lo que un día fue hermoso mientras piensas que estás rompiendo una familia. Y también sé lo que es atravesar ese proceso y llegar al otro lado con paz.

¿No sabes por dónde empezar?

Entender qué es una separación consciente es el primer paso para dejar de sufrir. He preparado un vídeo corto explicándolo.

Creada nace de esa experiencia. No es un proyecto teórico. Tanto yo, Rocío como Miguel Ángel creamos este espacio para ayudarte a cuidar de ti y de tus peques tanto en el proceso de separación como de familia enlazada.

Además de profesionales del crecimiento personal, somos una madre y un padre que ya han vivido lo que tú estás viviendo ahora.

Cada uno de nosotros ha llevado a cabo una separación consciente y juntos hemos creado nuestra FAMILIA ENLAZADA. Por eso, nuestra historia personal y larga trayectoria profesional nos permite conocer, de primera mano, cuáles son los miedos, las preocupaciones y el dolor que estás sintiendo. También las necesidades emocionales de los peques ante este cambio en el molde familiar.

Aquí no encontrarás juicios, ni consejos fríos, ni fórmulas mágicas. Lo que vas a encontrar es acompañamiento real, humano y profesional.

"Porque separarte no tiene que ser una guerra. Puede ser el comienzo de una nueva forma de amar, de cuidar y de que tu familia y tú puedan vivir en paz."

La separación no llega de golpe (aunque así lo parezca)

Es fácil creer que la decisión de separarse es algo que sucede de un día para otro. Que después de una discusión más fuerte que otras, de un fin de semana donde la convivencia se hizo insoportable, de pronto todo explota y ya está: hay que tomar una decisión.

Pero la verdad es otra.

La separación no es repentina. Es algo que se viene fraguando, que se ha ido gestando en las pequeñas grietas del día a día. A veces lo vemos de soslayo, de reojo, sin querer mirarlo de frente. Otras veces ni siquiera somos conscientes de que está ahí, hasta que un día, en medio de un cambio en nuestra vida (el cumpleaños de uno de los hijos, unas vacaciones, un aniversario que ya no se celebra), esa realidad que habíamos ignorado se planta delante de nosotras y dice: "Ya no puedo más. Esto tiene que cambiar."

Si hoy estás aquí, leyendo esto, es porque esa realidad ya te alcanzó. Y está bien. Está bien sentir miedo. Está bien no saber cómo seguir. Está bien sentir que se abre un abismo delante de ti.

Porque lo que viene ahora no es fácil. Pero tampoco tienes que hacerlo sola ni a ciegas.

El abanico del miedo: cuando todo se siente abrumador

Hay una imagen que nos ayuda mucho cuando hablamos de separación en consulta. Es esta: imagina que la separación es un abanico. Un abanico enorme, lleno de aristas, de decisiones, de conversaciones pendientes, de miedos, de dudas.

Si lo miras de frente, completamente abierto, te va a paralizar. Porque hay demasiado. Demasiadas cosas que resolver. Demasiadas emociones que sentir. Demasiadas decisiones que tomar.

¿Qué hago con los niños? ¿Cómo se lo digo a mi familia? ¿Y si me equivoco? ¿Y si les hago daño? ¿Quién se queda en casa? ¿Cómo lo hacemos con el dinero? ¿Tengo que llamar a un abogado ya? ¿Por dónde empiezo?

Entonces, lo que necesitas hacer es cerrar el abanico. Y empezar a abrirlo de nuevo, pero despacio. Arista por arista. Una decisión cada vez. Un paso cada vez. Sin pretender hacerlo todo de golpe. Sin exigirte claridad absoluta en medio del caos emocional.

Porque cuando cierras el abanico y te permites avanzar con calma, todo se vuelve más manejable. No desaparece el dolor, pero sí el vértigo de no saber por dónde empezar.

Separarte con hijos no significa que la familia se rompa, solo cambia de forma.

Descubre cómo vivir una separación consciente sin culpa y sin conflictos innecesarios. Mira este video y aprende cómo acompañar a tus hijos desde la serenidad, no desde el miedo.

Lo primero (y lo más importante): hablarlo entre los dos

Puede parecer obvio, pero de lo primero que necesitas hacer es hablar. Hablar con la persona con la que compartiste un proyecto de vida. Hablar desde la verdad. Hablar desde lo que realmente está pasando.

Y aquí viene algo esencial: hablar desde el amor, no desde el miedo.

No es el amor romántico del que hablamos. No es una visión naif ni una negación del dolor. Es algo mucho más profundo. Porque en la vida, todo lo vivimos desde dos lugares: desde el amor o desde el miedo.

Todas las emociones desagradables nacen del miedo. La culpa, la rabia, la ansiedad, el resentimiento. Todas las emociones que nos dan calma y serenidad nacen del amor. La compasión, la aceptación, la claridad, la paz.

Y sí, puedes sentir dolor y hablar desde el amor. Puedes estar rota por dentro y aún así elegir comunicarte desde un lugar que no destruya. Porque lo que está en juego no es solo vuestra relación de pareja. Es la familia que habéis construido. Es el bienestar de vuestros hijos. Es vuestra propia paz mental.

Por eso es importante que antes de esa conversación hagas un ejercicio de reflexión: ¿desde dónde quiero hablar con la persona que hasta ahora ha sido mi pareja? ¿Desde el lugar que me duele y que quiere atacar? ¿O desde el lugar que recuerda que lo que nos unió fue el amor, que decidimos tener hijos juntos, y que ahora nos toca afrontar esta realidad también juntos?

Otra cosa es que la otra persona no tenga capacidad de construir. Que responda desde la destrucción, desde el reproche, desde la negación. Vale. Pero tú no tienes que meterte en esa dinámica. Tú puedes elegir desde dónde hablas. Y esa elección ya es un primer paso hacia la calma.

Los especialistas que necesitas (y en qué orden)

Cuando decides separarte, se abren muchos frentes. Muchas dimensiones que atender. Y es normal sentir que necesitas ayuda. Pero aquí viene algo importante: no todos los especialistas son igual de urgentes. Y el orden en el que acudes a ellos importa mucho más de lo que crees.

En la mayoría de los casos, lo primero que hacemos es llamar a un abogado. Y tiene sentido, ¿verdad? Necesitamos saber qué nos toca, qué dice la ley, cómo protegernos. Pero la verdad es que el abogado debería ser el último especialista al que acudas, no el primero.

¿Por qué? Porque antes de resolver lo legal, antes de firmar papeles y acordar pensiones, necesitas resolver lo emocional. Necesitas entender qué te está pasando. Necesitas acompañarte a ti misma. Y necesitas, sobre todo, pensar en tus hijos.

Porque lo primero que se mueve en una separación, lo que te quita el sueño y te aprieta el pecho, es siempre lo mismo: ¿qué va a pasar con ellos? ¿Les voy a hacer daño? ¿Se van a traumatizar? ¿Cómo se lo voy a decir?

Ese miedo es real y es legítimo. Pero precisamente por eso, no puedes dejarlo para el final. No puedes esperar a que todo lo demás esté resuelto para ocuparte de lo emocional. Porque si empiezas por lo legal, si empiezas por negociar tiempos y dinero antes de haber atendido el corazón, vas a tomar decisiones desde el miedo. Y las decisiones que se toman desde el miedo rara vez traen paz.

Por eso, lo primero es atender lo emocional. Lo primero es buscar acompañamiento. Lo primero es poner el foco en vosotros como personas y en vuestros hijos como prioridad. Y después, cuando tengas claridad emocional, cuando sepas desde dónde quieres transitar este proceso, ahí sí: llama al abogado.

El compromiso del 100% (que no es control)

Hay algo que nos encontramos mucho en sesiones. Una creencia que hace mucho daño y que genera mucha frustración. Y es esta: "Si yo pongo el 100% de mi parte, todo va a salir bien. Voy a poder controlar que esto no sea un desastre. Voy a poder evitar que mis hijos sufran."

Pero no. El compromiso del 100% no es control.

El compromiso del 100% es algo que va de piel para dentro. Es un compromiso personal contigo misma. Es poner todo lo que está en ti para transitar este proceso con la mayor conciencia posible. Para acompañarte. Para acompañar a tus hijos. Para trascender tus miedos, tu angustia, tu dolor, y aún así seguir eligiendo el amor.

Pero no puedes controlar lo que va a pasar. No puedes controlar cómo va a reaccionar la otra persona. No puedes controlar cómo se van a sentir tus hijos en cada momento. No puedes controlar las opiniones de tu familia. No puedes controlar el futuro.

Lo único que puedes controlar es tu compromiso. Y ese compromiso es suficiente. Es más que suficiente.

Porque cuando tú eliges estar presente, cuando eliges responsabilizarte de tu parte, cuando eliges hablar desde la calma aunque por dentro estés temblando, estás haciendo todo lo que está en tu mano. Y eso es un acto de valentía y de amor inmenso.

Lo que no hay que mezclar: economía y tiempo con los hijos

Esto es importante, así que vamos a decirlo claro: no negocies la economía con los tiempos de cuidado.

Nos lo encontramos demasiadas veces. "Yo ya cedí en el dinero, ahora que ceda él en que yo esté más tiempo con los niños." O al revés: "Si él quiere ver más a los niños, que pague más."

Y no. Así no.

Porque cuando haces eso, estás volviendo al miedo. Estás mirando a un lugar que no son las necesidades reales de los hijos. Estás usando a los niños como moneda de cambio. Y por mucho dolor que sientas, por mucho que te parezca justo, eso no lleva a ningún lugar bueno.

Los asuntos económicos son una cosa. Los tiempos de cuidado son otra. Y hay que tratarlos por separado, desde lugares distintos.

Primero se atiende lo emocional. Primero se atiende lo que tiene que ver con los hijos. Y una vez que eso está resuelto, entonces sí, se habla de economía.

Porque si lo mezclas, si intentas compensar una cosa con la otra, lo único que consigues es alargar el conflicto y convertir la separación en una guerra. Y ninguno de vosotros se merece eso. Y mucho menos vuestros hijos.

¿Y qué hacemos con el entorno?

Esta es otra de las grandes preguntas. ¿Cuándo lo contamos? ¿A quién se lo decimos? ¿Cómo lo explicamos?

Y aquí va algo que quizá te sorprenda: no le debes explicaciones a nadie.

A nadie.

Ni a tu hermana. Ni a tu madre. Ni a tu mejor amiga. Ni a tus suegros. A nadie.

Porque la separación tiene que ver con él y contigo. Con vosotros dos. Y con vuestros hijos. Punto. No es un asunto de toda la familia. No es un asunto del grupo de WhatsApp. No es un asunto que tengas que justificar ni defender.

Entonces, ¿cuándo y a quién se lo cuentas? Cuando tú sientas que estás preparada. Cuando sientas que esa persona te va a sumar, te va a apoyar, te va a sostener. Y cuando sientas que puedes contarlo sin tener que dar explicaciones.

Porque el entorno, aunque te quiera, va a hablar desde su miedo. Desde sus experiencias. Desde su beligerancia. Muy pocas personas van a hablar desde el amor. Y tú no necesitas juicios. No necesitas consejos no pedidos. No necesitas que te digan lo que deberías hacer o sentir.

Lo que necesitas es espacio. Espacio para transitar tu proceso. Espacio para sentir lo que tienes que sentir. Espacio para decidir desde tu verdad, no desde las expectativas de los demás.

Y si decides contárselo a alguien, si decides pedir apoyo, hazlo con claridad. Dile a esa persona cómo quieres que se comporte con la madre o el padre de tus hijos. Dile que no quieres que tome partido. Dile que lo que necesitas es que siga tratando a tu ex pareja con respeto, porque esa es la única forma en la que tú vas a poder construir algo nuevo.

Y si en algún momento necesitas desahogarte, si necesitas un hombro donde llorar, elige muy bien con quién lo haces. Elige a alguien que entienda que aunque pierdas los estribos, aunque en un momento de dolor digas cosas que no piensas, eso no va a quedar grabado para siempre. Elige a alguien que no te juzgue. A alguien que simplemente esté.

Cerrar el abanico, abrir el corazón

Separarse da miedo. Da mucho miedo. Porque significa cerrar una etapa, soltar certezas, adentrarse en lo desconocido. Porque significa enfrentarte a tus propias heridas, a tus propios miedos, a tus propias sombras.

Pero también es una oportunidad. Una oportunidad de volver a ti. De conocerte de verdad. De construir una nueva forma de familia. De enseñarles a tus hijos que el amor no se acaba, simplemente cambia de forma.

Y no tienes que hacerlo sola.

No tienes que cargar con todo el peso de las decisiones. No tienes que tener todas las respuestas. No tienes que ser fuerte todo el tiempo.

Lo que tienes que hacer es cerrar el abanico. Y empezar a abrirlo despacio. Una arista cada vez. Un paso cada vez. Con acompañamiento. Con claridad. Con amor.

Porque la familia no se rompe. Cambia de forma. Y tú puedes estar en paz mientras eso sucede.

Recurso Recomendado

Hay una forma de separarse sin hacerse daño

Si sientes que la culpa o el miedo te paralizan, he grabado un vídeo donde explico paso a paso cómo transformar el dolor en calma y proteger a tus hijos.